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¿Quién soy yo?

Es la pregunta subyacente a todas las demás preguntas.

No se trata de qué hago, o en qué soy bueno, o qué necesita la gente de mí, sino de quién soy cuando todo eso queda plasmado en papel.

La mayoría de las mujeres pueden responder por todos los demás. Sus hijos. Su pareja. Su trabajo. Su vocación. Pero pregúntales quiénes son, más allá de lo que llevan en la sangre, y se hace un silencio sepulcral.

Ese silencio no es vacío. Es distancia. En algún momento te enseñaron a convertirte en alguien que el mundo pudiera aceptar, y la mujer que llevabas dentro se calló para dejarle espacio.

En esta página es donde vuelve a hablar.

Hay dos verdades fundamentales en esta obra. Léelas despacio. Algo en ti ya las conoce.

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